Albaceas

Código Civil de la República Argentina. Ley 340

Libro Cuarto. De los derechos reales y personales. Disposiciones comunes

Sección primera. De la transmisión de los derechos por muerte de las personas a quienes correspondían

Título XX. De los albaceas

ALBACEA

CONCEPTO:

El albacea o ejecutor testamentario es la persona designada por el testador para hacer cumplir sus disposiciones de última voluntad.

Para gran parte de la doctrina se trata de un mandato post -mortem.

Sólo pueden ser designados albaceas las personas que tengan capacidad de obligarse conforme al art. 3846.

Dicha capacidad debe tenerse al tiempo de ejerce el albaceazgo, de modo que no importa que sea incapaz a la fecha del testamento en que se lo nombró. Por lo anterior cesará  si, pese a ser capaz en el momento de asumir funciones, cae más tarde en estado de demencia.

No pueden ser albaceas conforme al art. 3846 los menores, los dementes, los sordomudos que no saben a darse entender por escrito; los religiosos profesos que no pueden contratar (art. 1160) están, por ende, inhabilitados para ser albaceas.

En cuanto a los inhabilitados, para parte de la doctrina estos no podrían ser albaceas por estar limitados en su capacidad de obligarse.

Pueden ser albaceas:

a) Las mujeres casadas;

b) Las personas jurídicas, pero no toda persona jurídica está  habilitada para ejercer el cargo, ya que por el principio de la especialidad su capacidad es limitada y especial; por eso no podrían adquirir derechos y desempeñar funciones que no estén de acuerdo con su destino;

c) Un heredero o legatario (art 3848);

FORMA DE LA DESIGNACION:

Debe hacerse por testamento (art. 3845); cualquier forma es válida. No es indispensable que el nombramiento se haga en el mismo testamento cuya ejecución se desea asegurar, podría hacerse en un testamento aparte otorgado a ese sólo efecto.

ACEPTACION DEL CARGO:

Puede ser expresa o tácita; ésta última resulta de cualquier acto que implique el desempeño del cargo.

Si llegado el caso guarda silencio, los interesados tienen derecho a reclamar del Juez la fijación de un plazo dentro del cual el albacea expresará  si acepta o no, bajo apercibimiento de tenerlo por renunciante.

Puede renunciar al cargo antes de haberlo aceptado o después de estar en funciones, sin necesidad de expresar los motivos de su actitud, ya que no se trata de una carga pública de desempeño obligatorio. (art. 3864)

FACULTADES SEÑALADAS EN EL TESTAMENTO:

El causante puede otorgar todas las facultades que estime necesarias, pero no podría atribuirle facultades que excedieran su cometido de ejecutor testamentario o que lesionaran los legítimos derechos de los herederos; por eso la atribución de facultades debe ser con arreglo a las leyes.

Si el causante no fijó las facultades en el testamento, se pueden plantear dos casos:

1- Caso en que hay herederos:

En esta hipótesis, sus atribuciones son considerablemente menores, porque los herederos son propietarios ipso iure de los bienes dejados por el causante, en tal caso el albacea no es propiamente un ejecutor testamentario sino más bien un encargado de controlar el cumplimiento de su voluntad por aquellos. habiendo herederos, las atribuciones del albacea deben interpretarse restrictivamente. Las mismas consisten en:

a) Posesión de los bienes: Habiendo herederos legítimos o instituidos, la posesión de los bienes les corresponde a ellos; pero debe quedar en poder del albacea tanta parte de la herencia cuanta sea necesaria para el pago de deudas y legados (art. 3852).

b) Pago de legados: El albacea debe pagar las mandas con conocimiento de los herederos; y si éstos se opusieren debe suspenderse el pago hasta que se resuelva la cuestión entre herederos y legatarios.

c) Pago de deudas: El albacea puede pagar las deudas de la sucesión, cuando no haya cuestión sobre ellas, ni los herederos se opongan. Pero a la inversa de lo que ocurre con los legados, no es esta una función típica de su ministerio, pues no concierne a la ejecución del testamento. Si por testamento se lo facultó al pago de las mismas, este igualmente debe requerir el consentimiento de los herederos para proceder al pago de las mismas. Tampoco los albaceas podrán reconocer deudas.

Por lo anterior los acreedores no podrán demandar al ejecutor por el cobro de sus deudas ya que éste es totalmente ajeno al juicio respectivo (art. 3862).

d) Cargos: El albacea puede demandar a los herederos y legatarios por la ejecución de las cargas que el testador les hubiere impuesto en atención a su memoria (art. 3861).

e) Venta de bienes: Conforme al art. 3856 el testador puede dar al albacea la facultad de vender sus bienes muebles o inmuebles; pero el albacea no podrá  usar de este poder sino cuando sea indispensable para la ejecución del testamento y de acuerdo con los herederos o autorizado por juez competente.

Aún en caso de que tal facultad no hubiera sido mencionada, el albacea podría proceder a la venta si ello fuera indispensable para pagar los legados.

De cualquier manera, esa venta no puede hacerse sino con la conformidad de los herederos y, en caso de oposición, con la del Juez. Si hubiera legatarios de cuota, también debe requerirse su conformidad.

El albacea no puede adquirir los bienes de la testamentaria (art. 1361, inc. 3); el acto sería nulo y el ejecutor testamentario se haría pasible de remoción, a pedido de parte interesada.

f) Contestaciones relativas a la validez del testamento: El albacea tiene el derecho a intervenir en contestaciones relativas a la validez del testamento, pues se trata de defender las disposiciones de última voluntad del testador; si bien la ley no le impone la obligación de intervenir, tan sólo le otorga la facultad.

g) Los albaceas no pueden intervenir en los pleitos que promuevan los acreedores de la sucesión u otros terceros.

h) En caso de que el testamento no tenga legados ni cargas, y la sucesión carezca de pasivo, la intervención del albacea se torna innecesaria y debe cesar a pedido de parte interesada.

2 – Caso en que no hay herederos:

Aquí, sus facultades son amplísimas. Le corresponde la posesión de la herencia, no en sentido propio, sino de atribuirle la tenencia de los bienes. Éstos quedan en poder del albacea en calidad de depósito o secuestro, para satisfacer con ellos los derechos constituidos en el testamento. Tomar  la posesión precaria de los bienes al solo efecto de liquidarlos y cumplir con los legados y cargos.

Asume la representación de la herencia; es contra él que deben dirigirse las demandas de los acreedores o legatarios; es el administrador de los bienes hereditarios y está  facultado para provocar su venta judicial a fin de pagar las deudas y legados.

En su carácter de administrador puede contraer obligaciones a nombre de la sucesión; tales como designar empleados para el manejo y liquidación del caudal.

OBLIGACIONES Y RESPONSABILIDADES:

La primer obligación consiste en hacer un inventario de los bienes.

En caso de que hayan herederos ausentes o incapaces, dicho inventario debe ser judicial; pero si todos fueran mayores, el mismo podrá  efectuarse privadamente. En ambos casos debe hacerse con citación de los herederos, legatarios y otros interesados.

El testador no puede dispensar al albacea de la obligación de hacer inventario.

El art. 3857 alude, en su primera parte, a la obligación del albacea de hacer asegurar los bienes dejados por el causante. Esto queda satisfecho con el inventario, pero también puede poner en resguardo algunos bienes, hacer sellar los papeles del de cujus y tomar otras medidas urgentes de seguridad.

Debe rendir cuentas de su administración, aunque el testador lo hubiese eximido de hacerlo.

La misma es debida no sólo a los herederos, sino también al Fisco, que puede exigirla en su carácter de sucesor de las herencias vacantes, a los legatarios y a los acreedores.

Pueden eximirlos de esta obligación los interesados en ellas.

El albacea es responsable de su administración ante los herederos y legatarios, si por falta en el cumplimiento de sus obligaciones hubiese comprometido sus intereses.

Su responsabilidad existe respecto de todas las personas a quienes haya perjudicado con su culpa o dolo en el cumplimiento de sus obligaciones; entre ellos están comprendidos los acreedores de la sucesión y los beneficiarios de cargos.

Su responsabilidad surge de su calidad de mandatario y se rige por los principios que gobiernan este contrato.

Retribución del albacea:

Tiene derecho a una comisión que se gradúa según su trabajo y la importancia de los bienes de la sucesión.

El monto puede estar fijado en el testamento o no que no haga mención en cuyo caso la regulación ser  judicial.

Si el testamento la fija, debe estarse a ella. El albacea no podrá  impugnarla por baja, ni renunciar a ella reclamándola judicialmente; si aceptó el cargo, acepta también la remuneración recibida.

La retribución fijada por el causante tiene en mira una tarea totalmente llevada a cabo; si ha quedado inconclusa, los honorarios deberán reducirse en proporción a lo realizado.

De no especificarla el testamento, el juez deberá  establecerla como se indicó ut-supra.

LEGADOS EN FAVOR DEL ALBACEA:

Generalmente, éstos no son otra cosa que una retribución, por lo común generosa, de la tarea que se le encomienda. Es posible que el legado se haga no en consideración al albaceazgo, sino en razón del parentesco o afecto hacia el beneficiario.

Si el legado ha tenido en mira la retribución de las tareas: a) el albacea no puede pretender el legado sin aceptar y desempeñar el cargo; b) el ejecutor testamentario carece de derecho a otra retribución.

Decidir si el legado ha sido remuneratorio es una cuestión de interpretación de la voluntad del causante; en caso de duda, debe presumirse que lo es.

En caso de que el albacea haya cumplido parcialmente; el trabajo realizado debe pagarse, de modo que lo equitativo es entregar al albacea una parte del legado proporcional a la tarea cumplida.

Si el legado fuera indivisible (ej: una casa), nada podrá  reclamar el albacea, sin embargo, tiene derecho a pedir la regulación de la comisión. Esto se aplica tanto para el supuesto de que el albacea no haya podido concretar su labor por (muerte o incapacidad) como para el caso de que haya sido (destituido o renunció voluntariamente).

El art. 3850 dispone que es válido el legado hecho a un individuo que no puede ser ejecutor testamentario, aunque el mandato no tenga efecto. Dicho artículo fija un criterio interpretativo; si el juez ha llegado a la conclusión cierta de que el legado no es otra cosa que una retribución por las tareas a desempeñar, el incapaz que no ha podido cumplirlas no puede reclamarlo.

PLURALIDAD DE ALBACEAS:

El causante puede nombrar uno o varios ejecutores testamentarios. Si se designasen varios se entenderá que el cargo debe ser ejercido en el orden de los nombramientos; es decir, que sólo en caso de renuncia, incapacidad, destitución o muerte del primero, actuará  el segundo y así sucesivamente.

El testador puede disponer la actuación conjunta.

FIN DEL ALBACEAZGO:

Concluye:

a- por la ejecución completa de su misión;

b- por la incapacidad sobreviniente del albacea;

c- por su muerte;

d- por su destitución;

e- por renuncia voluntaria;

f- cuando el testamento en virtud del cual el albacea viene desempeñando el cargo es revocado por otro conocido posteriormente, o es declarado nulo.